En una reunión que resonó con la urgencia de un grito de alerta, la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum hizo un llamado a la acción en la última sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública. La extorsión, un delito que ha arraigado sus raíces en diversas comunidades de México, se ha convertido en un desafío crucial que todos deben enfrentar. La gravedad de esta situación no es solo un dato estadístico; es una realidad que involucra a cientos de miles de ciudadanos que viven en la incertidumbre diaria.
La extorsión se ha infiltrado en distintos sectores de la sociedad, alcanzando tanto a pequeños negocios como a autoridades locales. En un inquietante ejemplo, Tequila, Jalisco se ha convertido en un epicentro de la corrupción, donde la desesperación de las comunidades se palpa en cada rincón. La situación es alarmante: en el último año, más de la mitad de las entidades del país han mostrado un aumento en el número de víctimas. Estas cifras no son solo números fríos; representan historias de miedo, angustia y, en muchos casos, la devastación de sueños familiares.
En respuesta a esta creciente amenaza, Sheinbaum resaltó la necesidad de una colaboración más estrecha entre las autoridades federales y los gobiernos estatales. Sin un trabajo conjunto, la batalla contra la extorsión se vuelve un esfuerzo individual y fragmentado. El plan del gobierno, que ya ha comenzado a dar frutos con la captura de figuras clave relacionadas con este delito, destaca la importancia de actuar con decisión y rapidez. Sin embargo, el reto que enfrenta el país no es sencillo, y el esfuerzo coordinado es imprescindible para revertir esta tendencia preocupante.
A medida que la extorsión sigue creciendo, se presenta un desafío de gran magnitud que debe ser enfrentado de cara al 2026. Con iniciativas legislativas en marcha que buscan atacar el delito de manera más efectiva, el horizonte parece comenzar a despejarse, aunque el camino sigue siendo incierto. La tarea del gobierno se centra en restaurar la confianza de la ciudadanía y asegurar un entorno más seguro para todos. En un país donde la seguridad debería ser un derecho, cada pequeño avance cuenta en la lucha contra un fenómeno que ha demostrado ser mucho más que un simple delito.

