Por momentos, Ni venganza ni perdón se lee como una memoria política que analiza la mirada hacia el ejercicio del poder, los riesgos institucionales y las tensiones internas de la 4T. El libro de Julio Scherer Ibarra —con Jorge Fernández Menéndez como interlocutor— ofrece algo poco común en la política contemporánea: una mirada desde dentro del círculo más cercano al presidente Andrés Manuel López Obrador, pero escrita desde la ruptura.
El texto no es una denuncia frontal contra el proyecto de la llamada Cuarta Transformación, tampoco es un deslinde ideológico; es más bien, una narrativa personal de cómo se ejerce el poder cuando un movimiento se convierte en gobierno y luego en régimen.
Durante 20 años, el autor fue considerado como un amigo cercano del tabasqueño, a lo largo de tres años, tuvo una posición privilegiada dentro del primer círculo del expresidente al grado de considerarlo “hermano”. Bajo esta camaradería, el texto esboza como uno de los ejes centrales, la concentración operativa que adquirió la Consejería Jurídica durante la primera mitad del sexenio. Desde esa oficina —se afirma— se condujo gran parte de la agenda constitucional y legal: Guardia Nacional, revocación de mandato, reformas estructurales prioritarias, mecanismos para apoyos sociales y cambios fiscales. El libro subraya que la operación política fue tan relevante como la técnica legislativa.
Los costos del protagonismo
El relato describe tensiones internas crecientes, fricciones con la Fiscalía General de la República y confrontaciones con actores del propio gobierno. La renuncia de Scherer en septiembre de 2021 aparece en el libro no como un relevo administrativo ordinario, sino como el desenlace de una disputa por influencia, control y acceso al presidente.
En esta narrativa, el entonces fiscal Alejandro Gertz Manero ocupa un papel central como su adversario institucional. También se menciona el turbio entorno de comunicación política encabezado por Jesús Ramírez Cuevas, a quien el libro atribuye la construcción de estructuras mediáticas vinculadas con el partido en el poder, incluyendo el caso del periódico institucional Regeneración y su relación con contratos de publicidad oficial.
El capítulo relativo al “huachicol fiscal”, sostiene que Sergio Carmona (el llamado rey del robo de combustible) sostuvo reuniones con el vocero para interceder en el financiamiento político de campañas, redes empresariales y vínculos con actores del poder. El libro reproduce versiones, documentos de inteligencia y señalamientos que involucran a figuras relevantes del oficialismo en reuniones o contactos con un empresario posteriormente asesinado, presuntamente ligado al contrabando de combustibles y financiamiento de campañas locales.
Según el relato, Carmona habría sido introducido al círculo político a través de intermediarios con acceso a Palacio Nacional, facilitando apoyos económicos para ofrecer financiamiento a la postulación de Américo Villarreal por Tamaulipas.
La frágil salud del pueblo y del ejecutivo
La figura de Hugo López-Gatell durante la pandemia aparece como un ejemplo de cómo la gestión médica quedó subordinada a la lógica política del régimen. Scherer vislumbra que la conducción de la estrategia sanitaria se concentró en una narrativa oficialista que privilegió la lealtad presidencial por encima del debate científico plural, marginando voces críticas y debilitando la toma de decisiones basada en evidencia.
La pandemia expuso un sistema de salud pública frágil, con tensiones internas, decisiones centralizadas y una comunicación pública que buscó sostener el discurso político aún cuando la realidad sanitaria se deterioraba. La crisis, sugiere el libro, no solo fue epidemiológica, sino de gobernanza.
La salud vulnerable en la persona de Andrés Manuel se describe como el evento que reveló la extrema concentración de decisiones en la figura del presidente. Su ausencia temporal derivada del infarto que sufrió, ocasionó incertidumbre política y mostró la falta de mecanismos claros ante este evento y se convirtió en una metáfora política: el régimen construido alrededor de una sola voluntad, quedó expuesto y debilitado, una semejanza con las decisiones equivocadas para hacer frente a la pandemia.
“Lo atendieron de emergencia, lo operaron, le cambiaron una válvula. Uno de los médicos nos dijo que, si no lo hubieran llevado así de rápido, habría muerto”, describió el autor. Lamentablemente más de 334 mil ciudadanos no tuvieron la fortuna de acceder a la atención médica adecuada durante la pandemia, las cifras forman parte de la estadística por defunciones reportada por el CONACYT.
La paradoja final
Aunque el texto es una narrativa de hechos desde la óptica de sus autores y no como acusaciones, los planteamientos revelan una verdad tortuosa: el proyecto político construido bajo la bandera del combate a la corrupción, tuvo cimientos en esas mismas prácticas que el discurso reiterativo intentó diluir.
Scherer sostiene que tras su salida enfrentó persecución política y mediática orquestada desde el propio Estado. Más allá de la veracidad jurídica de cada señalamiento, el libro abre una discusión de fondo: ¿hasta qué punto las instituciones pueden convertirse en herramientas de disputa interna dentro de un mismo régimen?, ¿por qué exhibir esta narrativa de cara al proceso democrático de 2027?
Aunque Julio Scherer reitera su lealtad hacia López Obrador y sostiene que esta relación ha trascendido coyunturas políticas, esta publicación puede interpretarse como un instrumento de defensa premeditada ante las posibles investigaciones que podrían resurgir para el autor por presunto enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias.
Ni venganza ni perdón es un documento relevante porque exhibe la dimensión humana del poder: alianzas, lealtades, fracturas y venganzas. En un país donde los cambios de régimen suelen analizarse desde fuera, el valor del libro está en mostrar lo que sucede dentro. Quizá el mayor aporte radica en recordar que la política no solo se define en las urnas, sino en los pasillos donde se toman las decisiones.

