Con más de un año de distancia frente a las elecciones de 2027, el proceso interno de Morena para definir sus candidaturas a gubernaturas ya produce señales concretas. Entre esas señales destaca una tendencia que no es menor: varias mujeres encabezan las mediciones internas del partido en distintos estados del país, posicionándose como perfiles competitivos en una disputa que apenas comienza a tomar forma pública.
El dato tiene peso político más allá de la estadística. Morena ha construido parte de su narrativa de gobierno sobre la paridad y la representación femenina en el poder. Que sean mujeres quienes aparezcan primero en sus propias encuestas no es solo un resultado técnico: es también una lectura sobre cómo el partido entiende hoy sus activos electorales y qué tipo de liderazgos considera viables para defender territorios clave en el ciclo electoral que viene.
El mapa electoral de 2027 y su peso político
Las elecciones de 2027 representan uno de los procesos más relevantes del sexenio de Claudia Sheinbaum. En juego estarán varias gubernaturas en estados donde Morena tiene presencia consolidada, pero también en territorios donde la oposición ha mantenido o recuperado terreno. Cada candidatura es, en ese sentido, una apuesta estratégica que el partido no puede resolver únicamente con lealtad interna: necesita perfiles que funcionen en las urnas.
En ese escenario, las encuestas internas se vuelven el principal instrumento de legitimación. Morena adoptó el mecanismo de consultas para dirimir disputas entre corcholatas desde el proceso presidencial de 2023, y lo ha extendido como método recurrente para definir candidaturas locales. El resultado es que quienes se posicionan bien en esas mediciones adquieren una ventaja real, aunque no definitiva: el partido puede ajustar, pero difícilmente puede ignorar a quien ya tiene respaldo medible.
Perfiles que emergen en las mediciones internas
La información disponible apunta a que entre las mujeres mejor posicionadas se encuentran figuras con trayectoria institucional en sus respectivas entidades: funcionarias de gobierno estatal, legisladoras con visibilidad regional y operadoras políticas con arraigo territorial. No se trata de nombres improvisados, sino de cuadros que llevan tiempo construyendo presencia en sus estados.
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Este tipo de perfil responde a una lógica que Morena ha aplicado con consistencia: preferir candidatos que ya tienen reconocimiento propio sobre figuras que dependan exclusivamente del apoyo presidencial. La lección de procesos anteriores, donde candidatos sin base propia enfrentaron dificultades incluso en estados favorables, parece haber quedado incorporada en la forma en que el partido evalúa sus opciones.
El hecho de que sean mujeres quienes lideren esas mediciones en varios estados también puede leerse como el resultado acumulado de una política de cuadros que el partido ha impulsado con distintos grados de convicción desde 2018. No todas las apuestas rindieron fruto, pero algunas sí generaron experiencia de gobierno que hoy se traduce en visibilidad política local.
La paridad como política y como cálculo
México tiene desde 2019 un mandato constitucional de paridad en todos los niveles y poderes del Estado. Ese marco legal ha transformado la composición formal de las candidaturas, pero no siempre ha garantizado que las mujeres ocupen los espacios más competitivos. La diferencia entre cumplir la paridad en espacios seguros y disputar gubernaturas reales es sustancial.
Que mujeres lideren encuestas en estados con posibilidades reales de triunfo no es un gesto simbólico: es una señal de que, al menos en esta etapa del proceso, el partido está dispuesto a sostener esos liderazgos en zonas donde importa ganar. Si esa tendencia se sostiene hasta la definición de candidaturas formales es otra pregunta, y esa es precisamente la tensión que los próximos meses irán revelando.
La paridad, en la práctica política mexicana, se mide menos en los listados de candidatos y más en qué candidaturas se respaldan con recursos, estructura y tiempo presidencial. Esa es la prueba de fuego que 2027 todavía no ha dado.
El papel de Sheinbaum en la configuración de las candidaturas
Una variable que no puede omitirse es el peso de la Presidencia de la República en la definición de candidaturas de Morena. Claudia Sheinbaum no solo encabeza el Ejecutivo federal, sino que es también la figura central del partido en términos de legitimidad interna. Su posición ante cada proceso estatal influye en el clima político local, en la disponibilidad de recursos y en la percepción de viabilidad de cada perfil.
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En ese contexto, que mujeres aparezcan encabezando las encuestas en varios estados es consistente con el discurso de paridad que la propia Presidenta ha sostenido desde el inicio de su gobierno. Pero la coherencia entre discurso y decisión concreta solo podrá evaluarse cuando los nombres se vuelvan oficiales y cuando sea posible observar qué candidaturas reciben el respaldo más sólido del aparato federal.
Lo que está en juego más allá de los nombres
Detrás de los perfiles y las encuestas hay una pregunta de fondo que trasciende a Morena como organización: qué tipo de liderazgos políticos se consolidan en México cuando el partido dominante decide quién sube y quién espera. Las gubernaturas no son solo victorias electorales; son plataformas de poder que definen carreras, distribuyen presupuestos y moldean estructuras institucionales por al menos seis años.
El ciclo 2027 llegará en un momento en que la oposición busca reconstruirse tras su derrota presidencial de 2024, y en que Morena debe demostrar que puede gobernar con eficacia en los territorios que ya controla. En ese escenario, las candidaturas no son solo decisiones internas del partido: son también la forma en que el sistema político mexicano se reproduce, se renueva o se estanca.
Que varias de las fichas mejor posicionadas sean mujeres con experiencia de gestión pública es un dato que merece seguimiento, no celebración anticipada. El proceso acaba de comenzar, y lo que hoy son encuestas puede convertirse, o no, en candidaturas reales con respaldo real. Eso es lo que los meses que vienen tendrán que mostrar.

